27 de mayo, 2026
Discurso de Silvia Díaz, presidenta del Consejo, en entrega de la Estrategia CTCI 2026
A los diferentes representantes de nuestro Ecosistema CTCI:
Hoy entregamos al Presidente de la República la Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo de Chile – 2026: “Una nueva trayectoria para convertir conocimiento en desarrollo”.
Chile vive un momento exigente, no porque enfrentemos un problema aislado, sino porque estamos ante una reconfiguración sistémica del mundo. Las transformaciones tecnológicas, ambientales, sociales, demográficas, productivas y geopolíticas ya no avanzan por carriles separados. Se cruzan, se aceleran y se amplifican entre sí. Y quizás lo más importante es entender que no estamos frente a una suma de transformaciones aisladas. Estamos viviendo un verdadero cambio de era.
La inteligencia artificial está cambiando la forma en que producimos, aprendemos, trabajamos y tomamos decisiones; la transición energética está reordenando cadenas de valor globales; la crisis climática nos obliga a repensar el agua, los suelos, los bosques, los océanos y las ciudades; la fragmentación geopolítica redefine la seguridad económica de los países; la desigualdad territorial y social tensiona la cohesión democrática; y, la ciudadanía exige bienestar, seguridad, empleos, oportunidades y confianza.
Chile tiene una oportunidad. No porque el escenario sea fácil; precisamente porque no lo es.
Los países que logren navegar esta época serán aquellos que sepan combinar visión, evidencia, capacidades, instituciones y colaboración. Aquellos que entiendan que la riqueza del futuro no estará solo en extraer más, sino en comprender y transformar mejor, agregar más valor, cuidar mejor y anticiparse.
En ese escenario, Chile no puede limitarse a administrar lo que ya tiene. Tampoco puede seguir esperando que el desarrollo ocurra por inercia.
El desarrollo sostenible exige asumir algo que esta Estrategia plantea con fuerza: la economía no existe separada de la sociedad, y la sociedad no existe separada de la naturaleza. No hay crecimiento duradero si se deterioran las bases naturales que lo sostienen. No hay bienestar si la productividad no se traduce en oportunidades. No hay futuro si los territorios quedan atrás y no hay innovación real si no mejora la vida de las personas.
Hoy necesitamos un cambio de trayectoria hacia un desarrollo sostenible, donde la ciencia, la tecnología, el conocimiento y la innovación son críticas para este nuevo desarrollo y la generación de un Chile más próspero. Que permita crear nuevas fuentes de valor, diversificar y sofisticar nuestra matriz productiva, fortalecer nuestras capacidades públicas, hacer que las regiones sean protagonistas, que las empresas innoven más, que las universidades, centros de investigación y de formación técnica se conecten más intensamente con los desafíos del país; y que la formación de niñas, niños, jóvenes y trabajadores incorpore habilidades científicas, tecnológicas, críticas y creativas. Que la ciudadanía sienta que el conocimiento no es algo lejano, sino una herramienta concreta para vivir mejor.
La Estrategia que hoy entregamos, es una hoja de ruta para gobernar con una mirada de largo plazo y actuar con urgencia.
Reconoce el valor del crecimiento, pero afirma que el crecimiento del siglo XXI requiere conocimiento, sostenibilidad, sofisticación productiva y legitimidad social; reconoce la importancia del empleo, pero entiende que los buenos empleos se construyen formando capacidades, innovando, invirtiendo en I+D y abriendo nuevas oportunidades productivas; reconoce el valor de nuestras ventajas naturales, pero afirma que el Cobre, el Litio, los minerales críticos, el sol, el viento, el océano, los bosques, la Antártica, el desierto y nuestros cielos no son solo recursos: son plataformas de desarrollo si sabemos mirarlos desde el conocimiento; reconoce la importancia del Estado, no para hacerlo todo, sino para orientar, coordinar, habilitar y aprender junto con los demás actores; reconoce el valor de las empresas, pero las desafía a innovar más, invertir más en conocimiento y ser protagonistas de una economía más sofisticada; reconoce el rol de las universidades, centros de investigación y centros de formación técnica, pero los llama a conectarse aún más con el país, con las regiones, con la industria, con la ciudadanía y con las decisiones públicas; reconoce también el valor de la ciudadanía, no como destinataria pasiva, sino como parte activa de las trayectorias de desarrollo.
La ciencia, la tecnología, el conocimiento y la innovación son críticas para este nuevo desarrollo.
Chile ya lo ha demostrado. Lo hizo cuando construimos capacidades sanitarias, educacionales, productivas e institucionales que cambiaron la vida de generaciones; cuando entendimos que el desarrollo de las capacidades humanas era condición para el desarrollo económico.
Una historia que representa el corazón de esta Estrategia fue la erradicación de la desnutrición infantil en Chile. Esta fue el resultado de evidencia científica, liderazgo, política pública sostenida, programas de Estado, capacidades académicas, participación del sector privado y perseverancia a través de distintos gobiernos. Ese caso nos recuerda algo esencial: cuando Chile articula conocimiento con propósito público, puede transformar estructuralmente su destino.
Se trató de alimentar niños y con ello proteger capacidades humanas, haciendo posible el aprendizaje, la salud, la productividad, la inclusión y el desarrollo económico posterior; la expresión más pura del potencial humano. Se trató de entender que no hay país posible, si las capacidades de las personas quedan dañadas desde la infancia.
Esa lección sigue vigente. Y nos obliga a hacernos una pregunta de país: si Chile ya fue capaz de construir una trayectoria basada en evidencia, instituciones, política pública y propósito común, ¿Qué nueva trayectoria estamos dispuestos a construir hoy?
Esta convicción no nace hoy. El Consejo Nacional de CTCI es parte de una trayectoria institucional que Chile ha construido durante dos décadas. Primero como Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad; luego como Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo; y hoy como Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo.
En sus distintas etapas, con gobiernos, énfasis y contextos nacionales muy diferentes, el Consejo ha buscado cumplir una función fundamental: sostener una mirada de largo plazo para la contribución del conocimiento al país.
Una que no reemplaza la urgencia, pero impide que la urgencia nos deje sin rumbo. Una que no cambia la política democrática, pero le ofrece evidencia, anticipación y sentido estratégico. Y por sobre todo, una que no sustituye la acción de los gobiernos, pero ayuda a que ciertas decisiones puedan trascender los ciclos políticos y convertirse en trayectorias de desarrollo.
Por eso, esta Estrategia recoge una historia institucional. Recoge aprendizajes, debates, avances, errores, consensos, tensiones y maduración. Recoge el trabajo de consejeras y consejeros actuales y anteriores; de ministras y ministros; de equipos técnicos; de universidades; de centros de investigación; de empresas; de regiones; de organizaciones sociales; de organismos internacionales; y de muchas personas que han creído, con generosidad y rigor, que Chile puede pensar su futuro con más ambición y debe cambiar su trayectoria de desarrollo de la mano de la CTCI, y ésta a su vez, debe cambiar la forma en que se organiza, se despliega y contribuye al país.
Y quiero subrayar esa idea: cambio de trayectoria.
Debemos pasar de una CTCI fragmentada a una CTCI articulada. De una lógica de proyectos aislados a trayectorias sostenidas. De la competencia atomizada por recursos escasos a la colaboración orientada por propósito. De medir solo actividades a medir contribución. De pensar el conocimiento como un resultado final a entenderlo como una fuerza que mueve economía, sociedad y Estado.
Ese es el salto que debemos dar. Construir un Ecosistema CTCI robusto que habilite, sustente y acelere trayectorias de desarrollo sostenible, haciendo de Chile un referente para la transformación global. Esto implica fortalecer capacidades, pero también articularlas; generar conocimiento, pero también asegurar su aplicación; impulsar la innovación, pero también orientarla hacia el interés público y el bienestar de las personas.
Se trata de consolidar un enfoque sistémico que reconozca la interdependencia entre naturaleza, sociedad y economía, y que permita abordar la complejidad del presente con herramientas más pertinentes y efectivas.
Esta Estrategia, se organiza en torno a seis grandes objetivos estratégicos, dos que buscan plasmar el aporte de la CTCI a trayectorias de desarrollo sostenible, a través de su contribución al bienestar y al crecimiento; tres de carácter habilitante, que sustentan la posibilidad efectiva de contribución de la CTCI al desarrollo sostenible. Y finalmente, un sexto objetivo transversal que orquesta y potencia los roles y funciones de los distintos actores del Ecosistema CTCI, alineando sus esfuerzos y generando sinergias que sustentan todos los objetivos anteriores.
La Estrategia, además, traduce estos objetivos en áreas prioritarias de contribución, organizadas en cuatro categorías vinculadas al desarrollo sostenible. La primera corresponde a los desafíos de bienestar sostenible, donde la CTCI puede fortalecer la capacidad de respuesta del Estado y de la sociedad frente a demandas críticas de la población. La segunda mira las oportunidades de Chile para el crecimiento y el desarrollo productivo sostenible, reconociendo sectores donde nuestras ventajas pueden convertirse en valor global. Una tercera categoría identifica bases fundamentales y globales del desarrollo sostenible, sin las cuales no hay bienestar ni crecimiento duradero.
Y por último, la Estrategia prioriza tecnologías habilitantes —biotecnología e inteligencia artificial— no como fines en sí mismos, sino como capacidades transversales para acelerar soluciones, aumentar productividad, generar nuevas industrias y permitir que Chile participe activamente en las transformaciones tecnológicas globales desde sus propios talentos y ventajas.
Estas prioridades no buscan cerrar el campo de acción de la CTCI, sino darle dirección, foco y escala a parte de los esfuerzos nacionales allí donde el conocimiento puede producir mayor impacto público, productivo, social y territorial.
Por otro lado, no se queda solo en orientaciones generales, da a conocer ocho proyectos transformadores de rápida activación, que muestran dónde este enfoque puede comenzar a materializarse con fuerza. Estos proyectos son espacios concretos donde Chile puede demostrar que el conocimiento sirve para actuar, producir, proteger, anticipar y transformar.
También por primera vez incorporamos metas e indicadores asociados a sus objetivos. Eso marca una madurez institucional relevante. Porque una estrategia de largo plazo no puede ser solo una declaración de principios. Debe poder observarse, evaluarse, corregirse y aprender. Medir no es burocratizar una visión. Medir es hacernos responsables de ella.
Todo esto requiere de muchos actores. Por eso esta Estrategia es profundamente colectiva. Lo digo como Presidenta del Consejo desde un espacio colectivo en que no hablo en nombre propio. Hablo en nombre de una institución que ha sabido construir desde la colaboración; de un equipo que ha trabajado con una dedicación admirable; de consejeras y consejeros que han aportado miradas distintas; y de un ecosistema que, aun con diferencias legítimas, comparte una convicción esencial: Chile necesita que el conocimiento contribuya mucho más directamente a su desarrollo.
Ese ha sido también el sello que he querido imprimir en mi gestión: liderazgo convocante, trabajo colaborativo y una comprensión profunda de que los desafíos del país son demasiado grandes para enfrentarlos desde compartimentos cerrados.
Nadie transforma un país solo. Ni el Estado, ni la academia, ni la empresa, ni las regiones, ni la sociedad civil sola. Las transformaciones relevantes ocurren cuando esas capacidades se encuentran, se reconocen, se coordinan y se orientan hacia propósitos compartidos.
Quiero detenerme en los actores de nuestro ecosistema, porque esta Estrategia no se implementará desde un solo lugar.
Al Estado y a sus ministerios, les plantea un mandato claro: activar la demanda pública de conocimiento. No basta con financiar oferta científica; necesitamos que las políticas de salud, educación, seguridad, agua, energía, defensa, infraestructura, medio ambiente y desarrollo regional incorporen de manera sistemática evidencia, datos, evaluación y capacidades CTCI.
A las empresas y al mundo emprendedor, les plantea una invitación y una exigencia: invertir más en I+D, sofisticar procesos, colaborar con universidades y centros, escalar soluciones y asumir que la competitividad futura dependerá crecientemente de la capacidad de innovar con sostenibilidad.
A las universidades, centros de investigación y de formación técnica, les reconoce su papel esencial en la generación de conocimiento, formación de capacidades y preservación de excelencia. Pero también les plantea un desafío: conectar más intensamente esa excelencia con los problemas del país, con las oportunidades productivas, con los territorios y con la formación de habilidades para una economía que está cambiando rápidamente.
A las regiones y gobiernos regionales, esta Estrategia les reconoce un rol protagónico. Chile no puede construir una trayectoria de desarrollo sostenible desde una sola mirada central. Las capacidades y prioridades de la CTCI deben expresarse territorialmente, con acuerdos nación-región, pertinencia local y articulación con las vocaciones productivas, sociales y ambientales de cada territorio.
A la comunidad científica, que mira este momento con legítima expectativa, esta Estrategia le reconoce algo fundamental: el país necesita su excelencia, su autonomía crítica, su capacidad de crear conocimiento nuevo y su vínculo con el mundo. Pero también la convoca a ampliar su contribución, fortalecer la colaboración, abrir nuevas interfaces con la sociedad y mostrar con más claridad cómo el conocimiento puede incidir en el bienestar, el crecimiento y las decisiones públicas.
A la ciudadanía, esta Estrategia le dice que la CTCI no es un asunto lejano ni exclusivo de especialistas. Está presente en la salud, en la educación, en la seguridad, en el empleo, en la tecnología que usamos, en las decisiones públicas que nos afectan y en las oportunidades que tendrán las nuevas generaciones.
Esta es la arquitectura profunda de esta Estrategia. Su valor no está únicamente en sus páginas.
Está en su capacidad de orientar decisiones, activar voluntades y transformar el conocimiento acumulado del país en oportunidades concretas para Chile.
Por eso, lo que hoy entregamos no debe entenderse como un punto de llegada. Es un marco para actuar. Una invitación a que el país tome una decisión estratégica: hacer de la ciencia, la tecnología, el conocimiento y la innovación un pilar estructural del desarrollo sostenible de Chile.
Presidente, autoridades, representantes del ecosistema:
La Estrategia que hoy entregamos no pretende cerrar una conversación. Pretende abrir una etapa. Una en que la CTCI deje de ser vista como un asunto de especialistas y sea asumida como una política de desarrollo del país; en que el conocimiento se transforme en mejores empleos y decisiones, mejores empresas, territorios y condiciones de vida; en que la colaboración no sea una palabra amable, sino una forma concreta de gobernanza; y en que Chile vuelva a creer que puede construir grandes trayectorias comunes.
Ese es el país al que esta Estrategia invita.
Uno que no renuncia a crecer, pero que quiere crecer mejor. Uno que no separa productividad de bienestar; que no contrapone naturaleza y desarrollo; que no mira la ciencia como un lujo, sino como una capacidad estratégica; que no se conforma con administrar sus ventajas, sino que se atreve a convertirlas en liderazgo.
Hoy nos toca hacerlo con nuevas herramientas, nuevas urgencias y tecnologías. Con más conciencia territorial, responsabilidad ambiental, más colaboración público-privada, más participación social y por sobre todo más ambición de futuro.
En nombre del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo, hago entrega formal de esta Estrategia al Presidente de la República. La entregamos con respeto institucional, con sentido de Estado y con una convicción profunda: Chile tiene el conocimiento, el talento, la experiencia y las capacidades para dar un nuevo salto en su desarrollo.
Pero ese salto no ocurrirá solo. Requiere decisión, liderazgo, inversión, coordinación, confianza y sostener una mirada de largo plazo, incluso cuando la coyuntura presiona en sentido contrario.
Los cambios de era redefinen el lugar que los países ocupan en el mundo. Y quizás la responsabilidad histórica de nuestra generación sea precisamente esa: atrevernos a construir una nueva trayectoria de desarrollo para Chile.
Esta Estrategia es una invitación a construir futuro y tomar esa responsabilidad. La responsabilidad de no desperdiciar el talento que tenemos, de no llegar tarde a las transformaciones del mundo, de no reducir la ciencia a publicaciones ni la innovación a discursos. La responsabilidad de convertir conocimiento en desarrollo.
Ese es el sentido profundo de esta Estrategia. Y esa es la trayectoria que hoy proponemos para Chile.
Muchas gracias.