11 de agosto, 2026
En el marco de la discusión de Fondecyt posdoc y Becas Chile: Declaración Pública sobre la necesidad de una Política de Estado para la investigación, la formación de talento y el desarrollo de capacidades CTCI
Chile enfrenta un escenario de profundas transformaciones científicas, tecnológicas, ambientales, económicas, geopolíticas y sociales que están redefiniendo las condiciones sobre las cuales los países construyen su desarrollo y bienestar. La aceleración del cambio tecnológico, la transición hacia economías más sostenibles, el envejecimiento de la población, la fragmentación geopolítica, la crisis climática y las crecientes demandas sociales están configurando un entorno en el que la capacidad de comprender fenómenos complejos, anticipar escenarios, responder a desafíos emergentes y generar nuevas oportunidades depende cada vez más de la fortaleza de las capacidades nacionales en ciencia, tecnología, conocimiento e innovación (CTCI).
La discusión abierta en torno a recientes decisiones sobre instrumentos de investigación y formación constituye una oportunidad para abordar una pregunta de mayor alcance: cómo desarrollar, orientar y proyectar las capacidades CTCI como un patrimonio estratégico para el país. En el ejercicio de su rol como órgano asesor presidencial en CTCI, el Consejo Nacional de CTCI¹ estima que este debate trasciende ampliamente el análisis de convocatorias o programas específicos. Lo que está en juego es la necesidad de contar con una Política de Estado para la investigación, la formación de talento y el desarrollo de capacidades CTCI, integrada a la Política Nacional de CTCI y consistente con la Estrategia Nacional de CTCI para el Desarrollo. Por ello, entrega estos planteamientos, buscando aportar al debate y análisis riguroso que debe acompañar las definiciones y discusiones en torno al fortalecimiento del Ecosistema CTCI y su contribución al país.
Las capacidades CTCI no se expresan únicamente en proyectos de investigación o indicadores de productividad científica. Se construyen mediante personas altamente calificadas, comunidades académicas, infraestructura científica y tecnológica, instituciones sólidas, redes nacionales e internacionales de colaboración y trayectorias de formación que, acumuladas durante décadas, permiten comprender mejor la realidad, ampliar las posibilidades de innovación y responder a desafíos complejos. Ese conjunto constituye un patrimonio estratégico porque fortalece la capacidad del país para generar bienestar, crear nuevas oportunidades de desarrollo, fortalecer su resiliencia y desenvolverse en un escenario internacional crecientemente incierto.
Orientar capacidades de CTCI hacia desafíos relevantes para Chile es una responsabilidad legítima e indelegable del Estado. La Estrategia Nacional de CTCI 2026, construida desde este Consejo de Estado y generada a partir de un proceso de diálogo amplio con los actores del Ecosistema CTCI, es explícita al señalar que la direccionalidad de parte de la CTCI hacia áreas prioritarias de contribución es crítica, pero también requiere de asegurar capacidades fundamentales para todas las áreas y formas de conocimiento. Ambas orientaciones son complementarias. La capacidad de orientar depende precisamente de contar con un ecosistema suficientemente robusto para responder tanto a prioridades actuales como a oportunidades que hoy aún permanecen fuera de nuestro horizonte. El país necesita una base amplia y diversa de conocimiento y, al mismo tiempo, instrumentos capaces de movilizar una parte de esa base hacia oportunidades y desafíos estratégicos.
La Estrategia Nacional de CTCI para el Desarrollo 2026 plantea que uno de los principales desafíos consiste en fortalecer la robustez del Ecosistema Nacional de CTCI: su capacidad para anticiparse, adaptarse y responder a un contexto de transformación acelerada. Esa robustez depende de la fortaleza de sus distintos componentes, pero también de la diversidad de capacidades que alberga, de las relaciones que las articulan y de las confianzas que hacen posible su colaboración.
“La direccionalidad de parte de la CTCI hacia áreas prioritarias de contribución es crítica para acelerar y sustentar trayectorias sostenibles. Identificar prioridades requiere establecer criterios y mecanismos que las doten de sustento y legitimidad, informados por la evidencia y la anticipación estratégica, que se constituyan en ‘Bandas de Consenso’, ancladas en el relato país que deben trascender ciclos políticos, para sostener el esfuerzo y la capacidad de contribución. … La definición de estas prioridades permite: responder a áreas críticas del desarrollo sostenible; aunar capacidades diversas, generando sinergias y construyendo experiencias de colaboración que desarrollan confianzas; y generar señales claras que movilizan recursos de diversas fuentes.” [p. 161]
En el marco de la discusión actual, algunas consideraciones que el Consejo considera como fundamentales y que están en la base de la Estrategia:
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Las áreas prioritarias de contribución de la CTCI deben estar al servicio de la noción de un desarrollo sostenible, entendido como aquel que conjuga las dimensiones social, ambiental y económica, procurando crecimiento y bienestar sostenibles. La Estrategia plantea que dichas áreas deben contribuir a cuatro grandes categorías²:
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Desafíos de bienestar sostenible, vinculados a generar mejores condiciones de vida, mayor equidad y una convivencia sana, aportando a la capacidad de respuesta del Estado y de otros actores relevantes a demandas ciudadanas críticas para la población y donde la contribución de la CTCI es determinante (Salud integral, Educación habilitadora, Confianza y cohesión social y Seguridad humana).
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Oportunidades de Chile para el crecimiento y el desarrollo productivo sostenible, que considera una dimensión referida a ventajas naturales del país para participar en mercados globales (sectores asociados a la oferta sostenible de valor energético, emprendimientos tecnológicos asociados a recursos naturales, economías alimentarias regenerativas y economía digital). Y una dimensión relacionada con los laboratorios naturales, donde el potencial de creación de valor económico está anclado en el conocimiento como factor clave de producción y en singularidades del país (Desierto de Atacama y Antártica).
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Bases fundamentales y globales del desarrollo sostenible, considera áreas que sustentan el bienestar y crecimiento sostenibles, aportando a la reducción de desigualdades y a la generación de riqueza y oportunidades, y que se vinculan a consensos y compromisos internacionales por la sostenibilidad (Transición hacia una capacidad hídrica sustentable, Recuperación de suelos, protección y restauración de ecosistemas naturales incluyendo bosques, humedales, ríos, lagos y océanos, y Descontaminación).
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Tecnologías habilitantes. Considera tecnologías que están en la base de la posibilidad de generar y acelerar soluciones para el desarrollo sostenible —incluyendo el abordaje de las prioridades ya planteadas—, permitiéndole al país ser parte del desarrollo global, aprovechando talento y capacidades propias (Biotecnología e Inteligencia artificial).
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En un contexto de aceleración tecnológica e incertidumbre, el conocimiento fundamental adquiere un valor aún mayor. Además de representar una expresión del desarrollo humano, constituye la fuente permanente de nuevas preguntas, descubrimientos, metodologías y capacidades que permiten comprender fenómenos emergentes y abrir posibilidades futuras. La capacidad de un país para innovar mañana depende también de la diversidad de conocimiento que es capaz de construir hoy.
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Este equilibrio entre priorización y desarrollo de una base amplia de conocimiento debe resguardarse desde el nivel de la política, con una perspectiva estratégica y sistémica. Como señaló el Consejo en febrero de 2026 en su declaración sobre el rol estratégico de los Centros de Interés Nacional y la necesidad de una Política de Centros, los programas e instrumentos responden a objetivos de política pública y, por tanto, deben ser analizados de manera integral en función de esos objetivos y lineamientos.
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Por esa misma razón, las humanidades, las artes, la filosofía y las ciencias sociales ocupan un lugar esencial dentro del Ecosistema CTCI. Esto se integró explícitamente en la Estrategia CTCI de 2022, y se profundiza en la Estrategia 2026 como una convicción fundamental. Los grandes procesos de transformación requieren avances científicos y tecnológicos, pero también un entendimiento profundo de sus dimensiones culturales, históricas, sociales, institucionales y éticas. Comprender cómo las personas construyen confianza, adoptan tecnologías, transforman sus instituciones o enfrentan conflictos constituye una condición para que el conocimiento contribuya efectivamente al desarrollo sostenible.
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El abordaje de desafíos y oportunidades del país, como ha sido constatado en las diversas agendas de I+D+i en torno a desafíos país que el Consejo ha generado, confirma que las transformaciones de mayor impacto nacen de la convergencia entre investigación fundamental, desarrollo tecnológico, innovación, colaboración entre instituciones y diálogo con la sociedad. Esa articulación constituye uno de los principales activos del Ecosistema Nacional de CTCI y una condición para fortalecer su contribución al desarrollo del país.
Esta comprensión permite entender los distintos instrumentos públicos como componentes de una misma arquitectura de desarrollo de capacidades. Investigación, formación avanzada, inserción, infraestructura, financiamiento basal y concursable, centros de investigación y redes de colaboración cumplen funciones complementarias dentro de un sistema cuyo propósito es fortalecer el patrimonio científico, tecnológico y de conocimiento de Chile. Su valor reside tanto en sus resultados individuales como en la forma en que sostienen trayectorias de largo plazo, renuevan capacidades y consolidan comunidades científicas.
En esta arquitectura, la formación avanzada, la investigación y la inserción constituyen una trayectoria interdependiente de desarrollo de capacidades. La inversión realizada por el país en la formación de personas alcanza su mayor valor cuando puede proyectarse en oportunidades de investigación, colaboración, inserción y desarrollo institucional. Su articulación permite renovar las capacidades del ecosistema y proyectar en el tiempo el conocimiento, las competencias y las redes construidas mediante esa inversión.
Desde una perspectiva sistémica, cualquier transformación en esta arquitectura produce efectos que trascienden el instrumento específico. Incide sobre la renovación de capacidades, las decisiones institucionales de universidades y centros de investigación, la formación doctoral, el desarrollo regional y la capacidad del país para responder a nuevos desafíos. Precisamente por ello, la evolución de los instrumentos requiere formar parte de una política explícita de desarrollo de capacidades, capaz de anticipar impactos, coordinar transiciones y asegurar coherencia entre sus distintos componentes.
Más allá de una convocatoria particular, el debate actual revela un desafío de fondo: la necesidad de contar con una política explícita de largo plazo que fortalezca y articule investigación, formación, inserción, infraestructura, instituciones, financiamiento y prioridades nacionales.
La fortaleza del Ecosistema Nacional de CTCI depende también de atributos que exceden la disponibilidad de recursos financieros. La colaboración entre investigadores, universidades, centros, empresas, organismos públicos y organizaciones de la sociedad civil constituye una capacidad estratégica en sí misma. Del mismo modo, la confianza representa una infraestructura esencial del sistema. Sobre ella descansan la evaluación por pares, las redes de investigación, las alianzas internacionales y múltiples formas de cooperación que hacen posible su funcionamiento cotidiano.
Por estas razones, el Consejo Nacional de CTCI estima que Chile debe avanzar hacia una Política de Estado para la investigación, la formación de talento y el desarrollo de capacidades CTCI, que permita articular de manera coherente investigación, formación, infraestructura, inserción e innovación; fortalecer la toma de decisiones basada en evidencia, evaluación y prospectiva; consolidar una direccionalidad legítima y compartida; proyectar en el tiempo las trayectorias de desarrollo de capacidades. Y al mismo tiempo, permite un debate abierto e informado que contribuye a resguardar la confianza en un espacio en que se requiere de la colaboración y la articulación de los distintos actores del Ecosistema CTCI, que son aquellos donde reside el talento y la diversidad de conocimientos sobre los que descansa el futuro del país.
¹ Establecida en el artículo 19° de la Ley 21.105.
² Estrategia Nacional de CTCI 2026, página 148.